miércoles, 29 de febrero de 2012

Benedicto XVI: mensaje Cuaresma 2012

«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Queridos hermanos y hermanas La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual. Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal. 1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano. El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66). La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza. El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecuan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros. 2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad. Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16). 3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad. Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras. Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10). Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica. Vaticano, 3 de noviembre de 2011 BENEDICTUS PP. XVI

lunes, 27 de febrero de 2012

Cabildo General Ordinario


Puerto Real, 27 de febrero de 2012

Estimado Hermano/a:

De conformidad con lo que marcan nuestros Estatutos le comunico que, el próximo 2 de marzo, en los Salones Parroquiales de la Prioral de San Sebastián, a las 19:30 horas en primera convocatoria y a las 19:45 horas en segunda convocatoria, celebraremos Asamblea General Ordinaria, con el siguiente

ORDEN DEL DIA

1º Oración.

2º Lectura del Acta del último Cabildo celebrado.

3º Lectura y aprobación, si procede, de la memoria de actividades del año 2011.

4º Aprobación, si procede, del estado de cuentas correspondiente al año 2011.

5º Lectura y aprobación, si procede, del proyecto anual de actividades para el año 2012.

6º Aprobación, si procede, del presupuesto para el año 2012.

7º Ruegos y preguntas.

Sin otro particular y esperando tu asistencia con puntualidad, se despide atentamente:



José Díaz Belizón
Hermano Mayor

viernes, 24 de febrero de 2012

Triduo San José

Os informamos del Solemne Triduo, que se llevará a cabo en la Capilla de las RR.MM. Filipenses, en honor al Patriarca San José, y al cual estais todos invitados.

martes, 14 de febrero de 2012

Carta de nuestro capataz

Cuadrilla de Costaleros de Ntra. Sra. de los Dolores 2012 Querido Hermano y Costalero: Bajo la atenta mirada de Nuestra Señora de los Dolores, quiero enviarte un saludo cariñoso. El mismo cariño y amor con el que tuviste el honor y satisfacción de llevarla sobre tus Hombros el pasado Lunes Santo, y por el cual yo me siento orgulloso de tener esta cuadrilla de hermanos, amigos, familia. Honor, amor y satisfacción que seguro querrás volver a sentir en éste año que acaba de comenzar. Por eso, tengo el gusto de convocarte a la "Escogía" de costaleros para la Cuadrilla que la próxima Semana Santa portará a Nuestra Señora por las calles de Puerto Real. ,"Escogía" que como bien sabes, es vital para poder configurar la Cuadrilla, por lo que cuento de antemano con tu asistencia. Por tanto, espero verte este viernes día 2 de marzo a las 20.00 h en la Casa de Hermandad (C/San Alejandro 106). Sin más, recibe un fuerte abrazo. Rafael García Fontaiña Capataz de Ntra. Sra. de los Dolores. Si tuvieras alguna dificultad para poder asistir, no dudes en llamar.651676201

jueves, 19 de enero de 2012

Cambios previstos Cuaresma 2012

Desde que en el pasado 19 de octubre, ocurriera el incidente de la caída de parte del techo de una de las naves laterales de nuestra querida Prioral de San Sebastián, la Hermandad decidió cancelar los actos previstos en honor a nuestros Titulares. A mediados de diciembre, la Junta de Gobierno pudo acceder al Templo, para trasladar a nuestros Sagrados Titulares a la que fuera su casa durante varios años, la Capilla de las RR.MM. Filipenses. Allí se encuentran las Imágenes del Stmo. Cristo de la Misericordia y María Stma. de los Dolores, expuestos al Culto para satisfacción de todos sus fieles.
Las primeras noticias que nos llegaban, sobre el comienzo y duración de las obras, eran halagüeñas, en cuanto a poder volver antes de febrero a la Capilla de la Prioral, pero las últimas noticias que nos ha trasmitido nuestro Director Espiritual y Párroco de la Prioral José Carlos Mellado, concernientes al comienzo de las obras, nos obligan a tomar decisiones importantes, en cuanto a la venidera Cuaresma que se aproxima.
Una vez analizadas las diferentes opciones y habiendo solicitado los correspondientes permisos a las autoridades implicadas, la planificación quedaría de la siguiente forma: .- Solemne Triduo Cuaresmal: 28, 29 y 30 de marzo. Capilla de las RR.MM. Filipenses. .- Solemne Traslado: 30 de marzo, Viernes de Dolores, traslado de las Imágenes del Stmo. Cristo de la Misericordia y María Stma de los Dolores en Solemne Vía Matrix desde la Capilla de las RR. MM. Filipenses, a la Capilla de Ntra. Sra. Del Rocío. .- Salida Procesional: 2 de Abril, Lunes Santo, desde la Capilla de Ntra. Sra. Del Rocío.
Queremos agradecer las facilidades que siempre nos han dado nuestro Director Espiritual, Rvdo. Padre José Carlos Mellado, al Rvdo. Padre Jesús Andrades León, Director Espiritual de la Hdad. Del Rocío, a Dª. Inmaculada Colomo en representación de nuestras queridas Hermanas Filipenses, y a D. Antonio González, Hermano Mayor de la Hdad. Del Rocío de Puerto Real, por abrirnos las puertas a cuanto hemos necesitado y a todos los que, de una forma u otra, nos ayudan en el difícil escollo en que nos encontramos las Hermandades con Sede Canónica en la Prioral de San Sebastián.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Felices Fiestas

Desde nuestra Hermandad, os deseamos: Para los buenos momentos, gratitud. Para los malos, mucha esperanza. Para cada día, una ilusión. Y siempre, siempre, felicidad. Felíz Navidad y un Prospero Año Nuevo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Crónica Pregón 2011

Sentimiento y devoción, describen perfectamente el Pregón que José Jiménez Villalpando, fue desgranando, al ritmo de los siete dolores de la virgen, separados por un acompañamiento musical bien escogido, sobre el atril del altar mayor de la Prioral. Conjugando los tiempos del Pregón, unió nuestros dolores a los de María Stma., tal como Ella hizo con los de su Hijo. Emotivo el recordatorio a nuestra hermana Carlota,nos recordó aquellos tiempos en los que María recibía refugio en las RR.MM. Felipenses. Palabras de agradecimiento a esta Junta, en gratitud por su designación como pregonero, y devuelta esa confianza con un Pregón de los que llegan por momentos al corazón. Felicidades José.